LA PEOR DE LAS MUERTES

Tal vez se hayan preguntado que personaje de la historia sufrio el peor de los tormentos, algunos diran Jesucristo, pero a la largo de la historia, el hombre a sido capaz de las peores torturas a otros hombres. La historia, que muestro a continuación es de una de esas tantas personas que se han sacrificado por los demas y como consecuencia a sufrido el ensañamiento de sus verdugos.

Esta historia acontece, durante la ocupación española en territorio de la civilización inka, habiendose levantado en armas el ultimo descendiente de los inkas Tupac Amaru II, en dicho levantamiento el noble inka es derrotado y conducido a su prisión. El texto que muestro a continuación pertenece al historiador José Bonilla Amado, el cual recoge lo sucedido desde el momento de la captura de Tupac Amaru II, de documentos escritos por los propios verdugos, los españoles.

...Días más tarde, el 14 de Abril de 1781, en medio de un silencio sorprendente, el Inca Túpac Amaru, con el "semblante sereno", cargado de cadenas, montado en una mula, ingresó a paso lento a la ciudad de sus antepasados. Las tropas contenían a una multitud tensa, expectante, que miraba con asombro a quien se había atrevido a desafiar el poder español. Abriendo camino por entre las callejas de la ciudad imperial, condujeron al último de los Reyes Incas al colegio de los Jesuítas, que desde los comienzos de la rebelión había sido convertido en cuartel. Ahí, en una celda custodiada día y noche, fue "depositado" el noble prisionero.

El 19 de Abril, el auditor de guerra Benito de la Mata Linares, cumpliendo órdenes del Visitador Areche, comenzó a instruir el proceso que se siguió contra los prisioneros. Las continuas demandas para que delatara a sus complicados en Cuzco y Lima, o para que denunciara una supuesta ayuda inglesa, no lograron abatir su quieta y serena dignidad. Ante los desmanes del cruel Areche para que entregara a los demás complicados, Túpac Amaru le enrostró la felonía, diciéndole: "Aquí no hay más cómplices que tú y yo; tú por opresor, y yo, por libertador, merecemos la muerte".

Los sucesivos interrogatorios y careos no mellaron su espíritu. Por el contrario, conservaba la esperanza de su libertad. El 27 de Abril trató vanamente de complicar a un centinela para que le condujera un mensaje escrito con su propia sangre.

En la parte derecha de la imagen esta el escrito que hizo con su sangre...

Pero fuera por temor o por lealtad a los virreynales, lo cierto es que el centinela Guevara denunció la tentativa de soborno, lo que empeoró aun más la situación del prisionero. El 28 de abril fue sometido a fatigantes y severos interrogatorios; y en la madrugada del 29 sufrió los rigores del tormento. La prolija documentación conservada, nos permite asomarnos a la crueldad meticulosa e ilimitada de sus torturadores, que habiendo decidido de antemano la suerte última del prisionero, parecían complacerse en destrozarlo lenta y ceremoniosamente. Con el brazo roto, magullado, sediento, Túpac Amaru se mantuvo firme y no reveló los nombres de los comprometidos. Tal vez pensara en esos instantes en la explotación inicua de los indios, y en la imperiosa necesidad de mantener libres a los cuadros revolucionarios que en el mañana podrían construir con su esfuerzo y con su sangre, una patria libre de injusticias y de sujecciones al poder extranjero. Nadie más desprendido de sí mismo; ni la anunciada muerte de su compañera y de sus menores hijos, lograrían arrancarle una palabra de delación. Aun gente como Areche admirarían su valor moral, que permaneció incólume hasta el instante postrero.

Con el brazo destrozado, casi agonizante, conservaría lucidez y energías para seguir buscando su libertad. El 12 de Mayo trató de comprar la complicidad del centinela Lino Santiago, pero fue también traicionado.

El temor a que no sobreviviese a los tormentos, obligó a Mata Linares a abreviar los trámites "por haber quedado el Rebelde muy quebrantado y desfallecido de los tormentos, que fueron atroces pero con todo nada quiso confesar". La petición del Fiscal Figueroa para que se les condenara a una muerte que causara "terror y espanto al público, para que en vista del espectáculo se contengan los demás, y sirva de ejemplo y escarmiento", mereció la plena aprobación del Visitador General José Antonio de Areche, quien con fecha 15 de Mayo expidió una sentencia que por inhumana y cruel quedará para siempre grabada en los anales de la impiedad . Han sido miles los hombres que han pagado con la vida sus anhelos de libertad y justicia. Pero nunca antes se condenó a nadie a presenciar la bárbara muerte de su esposa y de sus menores hijos, antes de rendir con la suya el deseo de liberar a un pueblo de la opresión .

De inmediato los reos fueron puestos en capilla y sometidos al incesante y continuo trajinar de curas empeñados en lograr su reconciliación con "Dios y la Sociedad". El 16 les fue levantada la excomunión, y en las horas subsiguientes esperaron con dignidad inquebrantable, el cumplimiento de la horrible sentencia. Hiela la sangre imaginar el paso de esas horas lentas, y el silencio imperturbable de ese hombre que nada podía hacer por impedir el triste destino de su compañera y de sus dos menores hijos.

Al ensañamiento se añadiría la burla, y mientras llegaba el instante postrero, se forjaron "once coronas de hierro con puntas muy agudas , que se le han de poner en la cabeza en representación de los once dictados o títulos de que se denomina Emperador. Igualmente un collar de hierro con dos platinas muy pesadas y rodeado de puntas muy agudas que manifiesta la orden del gran Paititi de que se titula gran maestro. Por la parte del cerebro se le introducirán tres puntas de fierro ardiendo que saldrán por la boca en demostración de los tres Bandos que mandó publicar, declarando al Rey Católico por usurpador sacrílego de sus "Dominios" ".

En las primeras horas de la mañana del viernes 18 de Mayo de 1781, Areche "confesó y comulgó. . . por los que iban a ser ajusticiados", y luego ordenó que se diera cumplimiento a la bárbara sentencia. Dejamos a un testigo de los hechos el relato de este acontecimiento que ennegrece la imagen de España ante la humanidad .

"El viernes 18 de Mayo de 1781, después de haber cercado la plaza con las milicias de esta ciudad del Cuzco, que tenían sus rejones y algunas bocas de fuego, y cercado la horca de cuatro caras con el cuerpo de mulatos y huamanguinos; arreglados todos con fusiles y bayonetas caladas, salieron de la Compañía (iglesia de los jesuitas en la plaza de armas del Cusco), nueve sujetos que fueron los siguientes: José Verdejo, Andrés Gástelo, un zambo, Antonio Oblitas (que fue el verdugo que ahorcó al general Arriagá), Antonio Bastidas, Francisco Túpac Amaru, Tomasa Condemaita, cacica de Arcos, Hipólito Túpac Amaru, hijo del traidor, Micaela Bastidas, su mujer, y el insurgente José Gabriel . Todos salieron a un tiempo, y uno tras otro venían con sus grillos y esposas, metidos en unos zurrones, de estos en que se trae yerba del Paraguay, y arrastrados a la cola de un caballo aparejado. Acompañados de los sacerdotes que los auxiliaban, y custodiados de la correspondiente guardia, llegaron todos al pie de la horca, y se les dieron por medio de dos verdugos las siguientes muertes.

A Verdejo, Gástelo y a Bastidas se les ahorcó llanamente; a Francisco Túpac Amaru, tío del insurgente, y a su hijo Hipólito, se les cortó la lengua antes de arrojarlos de la escalera de la horca; y a la india Condemaita se le dio garrote en un tabladillo, que estaba dispuesto con torno de fierro que a este fin se había hecho, y que jamás habíamos visto por acá, habiendo el indio y su mujer visto con sus ojos ejecutar estos suplicios hasta en su hijo Hipólito , que fue el último que subió a la horca. Luego subió la india Micaela al tablado, donde asimismo a presencia del marido, se le cortó la lengua y se le dio garrote, en que padeció infinito porque, teniendo el pescuezo muy delicado no podía el torno ahogarla, y fue menester que los verdugos, echándole lazos al pescuezo, tirando de una y otra parte, y dándole patadas en el estómago y pechos, para que la acabasen de matar . Cerró la función el rebelde José Gabriel, a quién se le sacó a media plaza; allí le cortó la lengua el verdugo y despojado de grillos y esposas, lo pusieron en el suelo; atáronle a las manos y pies cuatro lazos, y asidos estos a la cincha de cuatro caballos , tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad. No se si porque los caballos no fuesen muy fuertes o el indio en realidad fuese de fierro, no pudieron absolutamente dividirlo, después de un largo rato lo tuvieron tironeando, de modo que lo tenían en el aire, en un estado que parecía una araña. Tanto que el Visitador, movido de compasión, porque no padeciese más aquel infeliz, despachó de la Compañía (desde donde dirigía la ejecución) una orden, mandando le cortase el verdugo la cabeza, como se ejecutó. Después se condujo el cuerpo debajo de la horca, donde se le sacaron los brazos y los pies . Esto mismo se ejecutó con la mujer, y a los demás se les sacaron las cabezas para dirigirlas a diversos pueblos. Los cuerpos del indio y su mujer se llevaron a Picchu, donde estaba formada una hoguera en la que fueron arrojados y reducidos a cenizas, las que se arrojaron al aire y al riachuelo que por allí corre. De este modo acabaron José Gabriel Túpac Amaru y Micaela Bastidas, cuya soberbia y arrogancia llegó a tanto, que se nominaron reyes del Perú, Chile, Quito, Tucumán y otras partes, hasta incluir el gran Paitití, con locuras a este tono.

Este día concurrió un crecido número de gente, pero nadie gritó, ni levantó una voz : muchos hicieron reparo, y yo entre ellos, de que entre tanto concurso no se veían indios, a lo menos en el traje mismo que ellos usan, y si hubo algunos, estarían disfrazados con capas o ponchos. Suceden algunas cosas que parece que el diablo las trama y dispone, para confirmar a estos indios en sus abusos, agüeros y supersticiones. Dígolo porque, habiendo hecho un tiempo muy seco, y días muy serenos, aquel amaneció tal toldado que no se le vio la cara al sol, amenazando por todas partes a llover; y a hora de las 12, en que estaban los caballos estirando al indio, se levantó un fuerte refregón de viento, y tras éste un aguacero, que hizo que toda la gente, y aun las guardias se retirasen a toda prisa. Esto ha sido causa de que los indios se hayan puesto a decir, que el cielo y los elementos sintieron la muerte del inca que los españoles inhumanos e impíos estaban matando con tanta crueldad ".

Pero si hay algo que excede en crueldad a todo lo narrado , es el suplicio a que fue sometido Fernando Túpac Amaru, que siendo apenas un niño de no más de doce años, fue obligado a presenciar el bárbaro ajusticiamiento de sus tíos, de su hermano mayor Hipólito, y de sus padres José Gabriel Túpac Amaru y Micaela Bastidas. Cabe imaginar su desesperada impotencia ante los verdugos que estrangulaban a su madre. Cuenta el historiador Clement Markham que: "al ver a su infortunado padre, venciendo la fortaleza de su cuerpo al brutal esfuerzo de los caballos que le tiraban de brazos y piernas, sin poder destroncarle.. ., lanzó un grito que impresionó hondamente a la multitud despavorida que contemplaba la escena, grito que fue la sentencia de muerte de la dominación española en América".

El desagrado que produce la innecesaria crueldad de estas ejecuciones, la resume el historiador español Modesto Lafuente diciendo que su " relación hace erizar los cabellos, y no puede copiarse sin sentir repugnancia, ni leerse con animo sereno y sin estremecerse de horror...".

Meses más tarde, el niño Fernando Túpac Amaru y los pocos parientes que sobrevivieron a la cruel persecución decretada por el Visitador Areche, fueron deportados a España en los barcos El Peruano y San Pedro Alcántara. Su hermano Mariano Túpac Amaru, apresado con posterioridad a los sucesos del 18 de mayo de 1781, moriría en el trayecto; y Fernando sufriría un largo destierro abrumado por la nostalgia y la enfermedad. Hasta 1798 en que falleció, sería un alucinado, un hipocondriaco, aplastado por el recuerdo y la impotencia.

Más con la muerte del Precursor no se extinguió la revolución. Ella continuaría con furia irresistible en el altiplano puneño y en el Alto Perú, bajo la conducción heroica de Diego Cristóbal Túpac Amaru, Andrés Túpac Amaru y Túpac Catari. Dos largos años, centenares de batallas y choques armados, comunicaciones interrumpidas, miles de muertos, pueblos incendiados, hambre, desolación, una economía atascada, serían necesarios para doblegar a un movimiento que, por muchos conceptos, sería el precursor en las luchas contra la dominación extranjera.

América tiene aun muchas deudas que pagar, para con aquellos que entregaron su vida para que hoy seamos un continente libre, libre de la dominación extranjera, muchas personas murieron para poder tener lo que tenemos, no debemos ser desagradecidos, entregando nuestros territorios a ser parte otra vez de alguna potencia, acaso queremos ser una colonia otra vez...

 

Resumen hecho por: Erik Vizcardo Torres Email:ErikVizcardo@hotmail.com